sábado, 1 de mayo de 2010

SANGRE DE MAYO.
Me sorprendí llorando emocionado con el gol que nos adelantaba en el partido. De pura rabia contenida. Cosas que tiene el futbol. No fue una jugada brillante. La prensa ni siquiera se pone de acuerdo sobre quién fue el autor. La historia de este deporte es una suma aleatoria de miserias parecidas, goles con el tobillo o resbalones a destiempo, y para romper la mala racha supongo que el único modo posible que teníamos de hacerlo era de esta manera, la nuestra, a trompicones confusos y desacompasados, dejando en el intento un lugar bien visible donde reconocer, con todos aquellos rebotes dentro del area pequeña, el esfuerzo que nos ha costado marcar un gol (eran más de cuatro partidos, ya) y demostrar que las voleas desde fuera del area o los remates a la escuadra son cosas de otro tiempo, como las victorias, están ahora mismo reservadas para otros o nos quedan muy lejos.

Ni siquiera el gol tuvo la continuidad de los tres puntos. Hubiera sido milagroso que Juan Pablo se marchara con la portería imbatida. El Malaga las tuvo de todos los colores. No fue malo el planteamiento, colocando a Lora en su posición habitual y dando una oportunidad a Sastre y Camacho, cómo estará el patio, a quienes las circunstancias han ofrecido una importancia decisiva en una plantilla donde el estado fisico de los jugadores se divide en malo o lamentable. Entre estos últimos, Diego Castro o Rivera. Los dos llevan desconocidos más de un mes. Ahora toca tirar de los primeros y apurar sus virtudes, ya ves, defender la portería y esperar el momento, romperla sin contemplaciones y sofocarse a correr.

El punto es bueno. Una victoria del Malaga nos hubiera colocado en el compromiso de sacar necesariamente cuatro puntos. Y ahora, quién sabe. De momento, el equipo se ha demostrado a sí mismo que también es capaz de pelear.

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